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| Y volver, volver, volver
Por Pilar Portero
Paradójico día, el de la Hispanidad, para seguir por fin el consejo de un buen amigo ecuatoriano que desde hacía un año trabajaba en España y no paraba de insistirle en que debía venir al país de las oportunidades. «Me dio la ilusión de aventurarme yo solo cuando nadie de mi familia había salido nunca de mi patria». El año pasado, su mujer viajó hasta su lado con el fin de poder juntar antes el dinero necesario para construirse una casa en su lugar de origen. «Con lo que he ganado estos años, he podido comprar un terreno, que dentro de poco comenzaré a edificar. Un hogar para los míos». Ángel trabaja en la construcción desde los 15 años, lo que le facilitó la integración en una cuadrilla de obreros. «En Ecuador el jornal da para comer, pero no para una casa o un coche. Con lo que cobro aquí, me llega para pagar los estudios de mis hijos e intentar comprar una casa y un coche». Casi todo lo que se encontró en Madrid coincidía con lo que imaginaba, excepto la falta de intimidad. «Tengo que convivir en una casa con dos parejas más y a mí me gusta la independencia. No tener que esperar para ir a ducharme o hacerme la comida». Los ingresos de alicatar, derribar muros o levantar tabiques son el camino más corto para materializar sus ilusiones. «No echo de menos mi tierra, pero sí a mis niños». La cuenta atras está en marcha, si nada lo impide.
Puedes encontrar otras historias en: http://www.elmundo.es/especiales/2005/02/sociedad/inmigracion/index.html |
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